Duerme, duerme, una hora más;
no quisiera quebrar tan plácido sueño,
despertarte al amanecer, en la lluvia,
en la sonrisa y en el llanto.
Duerme, duerme, como figura esculpida
sublime y bella tú eres;
el ángel de la guarda te protege con el ala
y abanica tu rostro.
Se diría que no eres hija de la Tierra
—tal es tu angélica figura—,
sino que naciste en un cielo
donde hay tormentas
que marchitan la flor luminosa, perfecta,
pues todo allí es belleza y quietud,
y las áureas arenas anuncian instantes
que no contemplan el mal.
Duerme, duerme, un mágico sueño
ondula, quizá, cuando duermes;
mas tu espíritu, plácido, sereno,
con lágrimas despertará.